¿Provocan Depresión los Metales Pesados?

En nuestra hiperindustrializada sociedad actual, la contaminación masiva de nuestros entornos ha sido y sigue siendo una constante, con escasa o nula sensibilidad hacia  la conservación de la naturaleza que nos sostiene. No hay más que acercarse a cualquiera de nuestras grandes ciudades para poder apreciar, a simple vista, la nube marrón de contaminación en la que desarrollamos gran parte de nuestras vidas. Y esa es solamente la parte “visible”. La cantidad de compuestos químicos en nuestros alimentos, los metales pesados diluidos en nuestros suelos y aguas… es sencillamente imposible de calcular. Es uno de los precios que estamos pagando por la creación de esta sociedad del bienestar y el confort.

Concretamente, la proliferación de metales pesados (arsénico, mercurio, níquel, aluminio, plomo, cobalto…) –que no se degradan ni en cientos de años– en nuestros hábitats tiene una serie de consecuencias directas sobre nuestra salud física y mental. Cuando estos entran en nuestro organismo, se van acumulando en él, con preferencias por distintos órganos y formas de afectar a su funcionamiento normal. Reacciones químicas, asimilación de nutrientes… las consecuencias esperables son cualquier cosa menos halagüeñas.

La intoxicación por metales pesados es lo que popularmente se conoce como “envenenamiento”. Y el principal síntoma que suele mostrar es el estado de enfermedad constante en la persona: los tratamientos apenas consiguen leves mejorías, y la enfermedad persiste hasta que no se descubre qué la está causando y manteniendo en el tiempo, algo que puede llegar a resultar bastante difícil, puesto que no se reflejan en los análisis de sangre y orina habituales. Estos son algunos de los que tienen efectos relacionados con enfermedades mentales y del cerebro:

Arsénico: encefalopatía, daños en el sistema nervioso. Alta toxicidad.

Bismuto: dolores de cabeza, depresión, insomnio.

Cianuro: mareos, confusión, dolores de cabeza, ansiedad. Altamente letal.

Estaño: dolores de cabeza, depresión, irritabilidad, falta de memoria, trastornos del sueño, daños cerebrales.

Manganeso: fallos de memoria, alucinaciones, daños al sistema nervioso, depresión, esquizofrenia, dolor de cabeza, insomnio.

Mercurio: depresión, ansiedad, confusión, falta de memoria, trastornos del sueño, entre otras muchas afecciones del sistema nervioso.

Plata: dolores de cabeza, somnolencia, confusión, espasmos, coma.

Plomo: trastornos del sueño, dolores de cabeza, trastornos conductuales, delirios.

Selenio: aunque necesario en pequeñas cantidades, en exceso puede provocar irritabilidad, fatiga y daños en el sistema nervioso.

Algunos de estos metales pesados se depositan en los tejidos grasos del cerebro, causando trastornos neurológicos, inflamación, depresión… entre otros estados patológicos.

Por fortuna, para luchar contra estas intoxicaciones contamos con los conocidos como “agentes quelantes”, que actúan como antagonistas de estos metales pesados. Básicamente, su acción consiste en adherirse a los metales existentes en el organismo, llegando por afinidad hasta ellos, para conformar un complejo que se expulsará del cuerpo a través del sistema excretor.

Uno de los quelantes de uso más frecuente es el DMPS, un tipo de sal que se emplea como prueba para detectar la presencia de metales pesados en la orina. Otros métodos diagnósticos son la kinesiología o el análisis de tejidos mediante tomografía, o mediante quelantes naturales como el carbón activado, la clorella, el ajo o la vitamina C. En todo caso, será un profesional médico el que determine qué métodos de diagnóstico y desintoxicación son los adecuados para cada persona en particular.

Es posible que lleves muchos años sufriendo una depresión endógena, que hayas probado muchos métodos, fármacos y terapias, y que ningún tratamiento haya conseguido recuperarte del todo. Tal vez sea entonces el momento de hacerse esta diagnosis para descartar esta posible causa ¿Quién sabe? Puede que esta sea una razón explicativa que todo el mundo había pasado por alto anteriormente.

Como bien sabemos, el camino hacia la sanación no siempre es fácil, pero con conocimientos y perseverancia, podemos superar cualquier reto y meta que nos propongamos. Nunca olvides esta realidad 😉

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